
Asturias, en el techo de África
Carlos Arias, un joven de 25 años descendiente de ovetenses, despliega la bandera del Principado nada más encumbrar el monte Kilimanjaro
Marta PÉREZ
Las autoridades de Tanzania calculan que 20.000 excursionistas intentan todos los años ascender el Kilimanjaro, la cumbre más alta de África y uno de los volcanes más altos del mundo. El pasado octubre, en la cima del monte ondeó la bandera de Asturias, porque entre esos 20.000 aventureros anuales se ha colado un asturiano.
El hito corresponde a Carlos Arias, un joven de 25 años, descendiente de ovetenses, quien, aunque nunca ha vivido en el Principado, se siente, «ante todo, asturiano». El joven es descendiente de asturianos por parte de padre. Viene dos veces al año a Oviedo, a visitar a la familia. Ha vivido en Suiza y en Venezuela, aunque en la actualidad reside en Nueva York.
Carlos Arias ascendió el monte Kilimanjaro con un grupo de 16 personas, la mayoría norteamericanos, el pasado octubre. Nunca antes había escalado una montaña. Lo primero que hizo al encumbrar el monte fue desplegar la bandera de Asturias, en el techo de África, a 5.895 metros de altura. «Nunca antes había escalado. Se nos ocurrió a mí y a un amigo del colegio en Suiza, Arnold Schlegel. Nos unimos a un grupo de catorce personas que ya habían escalado antes», explica Carlos Arias. La ascensión es técnicamente fácil, pero larga y penosa, por el frío y la altitud. Carlos Arias se preparó físicamente durante los tres meses previos acudiendo al gimnasio a diario y haciendo deporte. Una vez en forma, inició la escalada. «Se hizo muy duro, sobre todo al principio, pero, con los días, el cuerpo se acostumbra al clima y te vas adaptando», explica el joven.
La barrera de la superación personal, cuando el cuerpo echa en falta el oxígeno, está en los 5.000 metros. Carlos Arias aguantó bien hasta los 5.600 metros. Y de ahí a la cima, ya no quedaba nada, apenas 300 metros, y consiguió coronar. El grupo tardó seis días y medio en ascender el Kilimanjaro y dos días en bajarlo. Dos personas no resistieron y tuvieron que abandonar a mitad de la ascensión.
La expedición a la cumbre de África estaba muy organizada. Existen empresas especializadas. El programa de ascensión al Kilimanjaro que siguió Carlos Arias cuidó la calidad del material de seguridad, de los campamentos, de las comidas y del equipo humano. La expedición portaba una equipación que pesaba, en conjunto, 1,2 toneladas. «Yo llevaba un equipo fotográfico y mi bandera, por supuesto», bromea Carlos Arias. Además del material, el equipo humano, integrado por dos médicos y los guías locales, que ayudaban a trasladar el campamento. «Los médicos nos iban midiendo el pulso y el oxígeno. Algunas personas tomaban pastillas para la altura», cuenta sobre la experiencia Carlos Arias.
La ascensión, incluso para cualquier montañero bien preparado, no es, en absoluto, reposada. El último campamento se sitúa a 4.600 metros de altitud, y la cima, a 5.895 metros. Desde el primer día, se camina a un ritmo que puede parecer muy lento, alrededor de 250 metros de desnivel por hora. Lo que se pretende es guardar toda la energía para la última etapa, la de la subida a la cima.
Después de la ascensión al monte Kilimanjaro, Carlos Arias ya se está preparando para una nueva aventura. Él y su amigo Arnold están pensando en ascender el Aconcagua, en la cordillera de los Andes, pero no lo intentarán hasta dentro de dos años.



Marzo 10, 2008 a las 9:00 pm
la lesera fomeeeeeeeeeee