Tecnología para los niños

Juguetes, guarderías y parques infantiles incorporan la tecnología

Hybrid Playground, de Clara Boj y Diego Díaz, combina conexiones Wi Fi y actividades al aire libre para niños – Las muñecas y peluches con ‘chips’ son ya habituales en la industria alicantina juguetera

 

 

R. BOSCO / S. CALDANA 22/05/2008

Hay una edad, alrededor de los 8 o 10 años, en que el niño tiene que tomar su primera decisión difícil. Tiene el corazón partido entre la consola de videojuego y los columpios de su más tierna infancia. ¿Por qué no juntarlos en un nuevo juego que combine las potencialidades y el lenguaje de la tecnología con la actividad al aire libre y el movimiento físico?

Decirlo es fácil, pero la realización de Hybrid Playground requirió a los valencianos Clara Boj y Diego Díaz casi tres años de trabajo. El resultado se estrenó la semana pasada con la complicidad de los alumnos de tercero de primaria del colegio San Eugenio y San Isidro de Madrid. El jardín del párroco Sánchez Cámara, del distrito de Arganzuela, quedó convertido en un parque híbrido con la colaboración del centro de arte Intermediae Matadero.

El proyecto propone convertir los parques infantiles urbanos en escenarios para el juego interactivo, mediante un sistema de sensores, que se aplican temporalmente a columpios, balancines y toboganes, convirtiéndolos en interfaces audiovisuales. Todos los aparatos son inalámbricos, así que no hay peligro de que los niños tropiecen con cables; funcionan con baterías y se incorporan a los elementos del parque sin alterar su funcionamiento y diseño tradicional.

Todos los jugadores, que participan en grupos de cinco, llevan un brazalete: cuatro están equipados con tarjeta RSID y uno lleva también una agenda electrónica modificada, donde discurre el videojuego y a través de la cual reciben instrucciones.

“Mediante estos brazaletes los niños activan los sensores, de modo que la aventura en la pantalla se desarrolla en función del uso que hacen de los juegos del parque. El objetivo es impulsar el desarrollo de experiencias lúdicas físico-digitales, que potencien las relaciones colaborativas entre los usuarios”, explican los promotores de este ciberparque.

En la pantalla se desarrolla una sencilla aventura gráfica, concebida como una metáfora del espacio público, que ha sido realizada expresamente para este proyecto por Boj y Díaz, con la colaboración de Martín Nadal.

Los equipos se enfrentan al reto de recoger las fichas suficientes para cubrir, como si fuera un puzzle, un gran agujero negro abierto en la ciudad. Para lograrlo deben superar pruebas, que mezclan la pericia física con la digital. Así, cuando cabalgan en los caballitos del parque su avatar se mueve por un laberinto en busca de fichas y su ritmo al columpiarse afecta el ritmo del juego en pantalla.”Los talleres con los niños sirven como pruebas del sistema, para ayudarnos a detectar los fallos técnicos y también a comprobar los niveles de jugabilidad del proyecto. Escuchamos las sugerencias de los pequeños, observamos cómo jugaban e incorporamos las mejoras, que se irán testando en el siguiente encuentro. De este modo el juego ha ido mejorando técnica y estratégicamente”, aseguran Boj y Díaz.

La satisfacción de los críos y su relación intuitiva con las interfaces no deja duda sobre el éxito de este juego urbano, que permite desarrollar estrategias lúdicas similares a las de los videojuegos y fomenta la colaboración y el espíritu de equipo. Al trasladar la experiencia del videojuego al espacio público, los niños pueden beneficiarse del aire libre, el ejercicio físico y el contacto humano, sin prescindir de sus consolas.

Boj y Díaz trabajan juntos desde 2000, investigando la relación entre el mundo físico y el virtual, y las transformaciones del espacio público por medio de las nuevas tecnologías, en obras que intentan “generar lazos de continuidad entre los viejos y los nuevos mecanismos de relación social y espacios de comunicación”.

 

Hombres como los de antes

No siempre quienes frecuentan el bar de Lola son tíos. A veces se cuela alguna torda canónica, segura y brava, de las que entran taconeando –o no– con la cabeza alta; y cuando un desconocido les dice hola, nena, sugieren que llame nena a la madre que lo parió. Hace un par de semanas entró María: cuarenta largos y una mirada de esas que cortan la leche del café que te llevas a la boca, o deshacen en el vaso la espuma de tu cerveza. «¿Y qué hay de los pavos?», me soltó a bocajarro. «¿Qué hay de esos tiñalpas ordinarios marcando paquete y tableta de chocolate que parecen salidos de un casting de Operación Triunfo, o de esos blanditos descafeinados y pichafrías que pegan el gatillazo y se pasan la noche llorándote en el hombro y llamándote mamá?»

Eso fue, exactamente, lo que me preguntó María apenas se acodó en la barra, a mi lado. Y como me pilló sin argumentos –estaba distraído mirándole el escote a Lola, que fregaba vasos tras el mostrador– me agarró de un brazo, llevándome a la ventana. «Observa, Reverte», dijo señalando a un cacho de carne de hamburguesería que pasaba vestido con chanclas y camiseta andrajo de marca, zapatillas fosforito, los pantalones cortos caídos sobre las patas peludas, rotos y con la bragueta abierta y el elástico de los kalviklein asomándole bajo los tocinos tatuados. Luego señaló a otro que pasaba con una mano en un pezón de su novia y el móvil en la otra. «Fíjate», dijo. «Fulano indudablemente buenorro, cuerpazo sin deformaciones de bocatería; pero ha decidido ponerse pijoguapo de diseño y te partes, colega. Y no te pierdas el meneíto leve del culo, aprendido de la tele. Antes imitaban a Humphrey Bogart y ahora imitan a Bustamante. ¿Cómo lo ves? Te apuesto lo que quieras a que si la novia tropieza, o lo que sea, lo oímos cagarse en la hostia y decirle a la churri: joder, tía, ¿vas ciega o qué? Casi me tiras el Nokia.»

Volvemos a la barra, María enciende un cigarrillo y me mira de soslayo, guasona, mientras pide una caña para mí y un vermut para ella –«Con aceitunas, por favor»–. Luego me echa despacio el humo en la cara y pregunta, para emparejar con Ava Gardner y compañía, dónde están ahora aquellos pavos con registros que iban de Clark Gable a Marlon Brando. Aquel blanco y negro, o technicolor, donde lo más ligero que una se echaba al cuerpo era el toque ligeramente suave y miope del James Dean de Gigante. Porque daba igual que en la vida real –el cine era el cine, etcétera– alguno tocara al mismo tiempo saxofón y trompeta; el rastro que dejaban era lo importante: Rock Hudson siempre correcto, servicial y enamorado. El torso de Charlton Heston en El planeta de los simios. Los ojos de Montgomery Clift en aquella estación de Roma, donde estaba para comérselo. O, pasando a palabras mayores, Burt Lancaster revolcándose en la playa con Lana Turner, Cary Grant en el pasillo del hotel con Grace Kelly, Gary Cooper a cualquier edad y en donde fuera o fuese, y algún otro capaz de descolocar a una hembra como Dios manda y hacerle perder los papeles y la vergüenza: Robert Mitchum en El cielo lo sabe, por ejemplo. «¿Ubi sunt, Reverte?».

Y no me vengas, añade María mordisqueando una aceituna, con que eran cosa del cine. También en la vida real resultaban diferentes. «Esos hombres que antes se habrían tirado por la ventana que ir sin chaqueta y mostrar cercos de sudor, ¿los imaginas saliendo a la calle en chanclas o chándal, con gorra de béisbol en vez de sombrero que poder quitarse ante las señoras?… Añoro esos cuerpos gloriosos de camisa blanca y olor a limpio, o a lo que un hombre deba oler cuando, por razones que no detallo, no lo está. No era casual, tampoco, que en las fotos familiares nuestros padres fueran clavados a Gregory Peck, o que hasta el más humilde trabajador pareciese cien veces más hombre que cualquiera de los mingaflojas que hoy arrasan entre las tontas de la pepitilla que se licúan con Bruce Willis, con Gran Hermano o con tanta mariconada. ¿Qué iba a hacer hoy Sophia Loren con uno de estos gualtrapas? Hasta los niños de antes, acuérdate, procuraban caminar con desenvoltura, espalda recta y aire adulto, para dejar claro que sólo los pantalones cortos les impedían ser señores y llevarnos de calle a las niñas. Hablo de hombres de verdad: masculinos, educados, correctos en el vestir, silenciosos cuando la prudencia o la situación lo requerían; torpes, tímidos a veces, pero fiables como rocas, o pareciéndolo. Aunque te miraran el culo. Hombres con reputación de tales, que te hacían temblar las piernas con una mirada o una sonrisa. Señores a los que, como tú sueles decir, era posible llamar de ese modo sin tener que aguantarse las carcajadas; a diferencia de ahora, que en los rótulos de las puertas de los servicios llaman caballero a cualquiera.»

Arturo Pérez-Reverte

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Cocineros a la gresca

Santi Santamaría critica a Ferran Adrià y denuncia el «fraude» de la nueva cocina

El chef dice que muchos colegas «colorean» el plato en vez de cocinar

 

Oviedo
Cocineros a la gresca. La entrega de un premio, un acto que en pura lógica suele contener mucha diplomacia y poca virulencia, se convirtió anteayer en un ataque más conceptual que personal, al que seguramente habrá respuesta. Santi Santamaría, uno de los grandes nombres de la gastronomía española, calificó de «fraude» culinario los experimentos de muchos colegas que, dijo, en vez de cocinar «colorean» los platos. Santamaría, colaborador habitual en el «Magazine» de los domingos en LA NUEVA ESPAÑA, chef del restaurante catalán Can Fabes, con tres estrellas Michelín, recibía en Madrid el «Premio de Hoy» de ensayo por su libro «La cocina al desnudo». Santamaría denunció el uso de productos químicos en la oferta gastronómica de calidad y, en concreto, se refirió a la metilcelulosa, un producto que, dijo, está en la cesta de la compra de muchos de sus colegas más renombrados. Todos pensaron en Ferran Adrià, otras tres estrellas Michelín. «Le tengo un enorme respeto, pero también tengo con Ferran un divorcio enorme, conceptual y ético. Va en una dirección contraria a mis principios».Santamaría denunció el «todo vale». «Los consumidores exigimos saber qué es lo que comemos». Santamaría habla claro y asegura que por esto mismo acaba «silenciado y excluido»: se ha quedado fuera del programa gastronómico del Pabellón de España de la Expo de Zaragoza. Su pecado, haber dicho cosas del gremio como que «somos una pandilla de farsantes que trabajamos para distraer a snobs y estamos vendidos a la puta pela».

 

 

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Jordi Pujol en Asturias

E. F.-P. La Nueva España 14/05/2008


«Historia de una convicción» es el título que ha dado Jordi Pujol, presidente de la Generalitat de Cataluña durante 23 años, a la primera parte de sus memorias. El título define al personaje, inevitable referente político, casi espiritual, de la catalanidad contemporánea, un hombre tenaz en la exposición y la defensa de sus principios y sus opiniones. Ayer, además de visitar el monasterio de Valdediós, subir al mirador de la torre de la Universidad Laboral, ver los monumentos prerrománicos del Naranco y presentar sus memorias en Libroviedo, su estancia en Asturias le dio la oportunidad de hacer algunas consideraciones sobre la situación regional. Antes de llegar a ese punto de la conversación hubo que sortear muchos obstáculos porque antes de comenzar la entrevista Jordi Pujol advirtió: «Según qué me pregunte, no le contestaré».-¿Empezamos por el debate abierto sobre la reforma estatutaria y la financiación?

-Remítanse a lo que dice Montilla.

-Hablemos entonces de financiación en general.

-En Cataluña pensamos todos, empezando por el presidente Montilla, que este sistema hay que modificarlo. Todas las cosas hay que revisarlas de vez en cuando, ¿no?, los planes de estudio, los proyectos industriales, las propuestas culturales… Pero eso es mejor que lo diga el presidente de la Generalitat a que lo diga yo.

-Madrid argumenta que éste no es buen momento para renegociar la financiación autonómica, en plena crisis económica.

-Hay una ley que dice que hay que hacerlo ahora y lo que dice es que si hay menos dinero todos tendremos menos. Eso no impide analizar ahora si la ley es adecuada y justa.

-Usted suele apelar a la solidaridad.

-El concepto de solidaridad lo definió muy bien un importante político español, socialista por cierto y muy importante en la estructura del Estado. Dijo que la solidaridad sólo hay que practicarla con los bienes ajenos. Es evidente que el concepto de solidaridad se manipula.

-¿Cataluña ha sido solidaria?

-Mucho, mucho, mucho. Lo ha sido en el terreno económico y conceptual. Ahora Cataluña tiene derecho a plantear cuánto tiene que pagar y sobre todo exigir transparencia. A lo mejor todo sigue igual, pero sepamos por qué, y que conste una cosa, una de las regiones que sigue necesitando solidaridad es Asturias, porque la crisis fue profunda y rápida, brutal, y no se ha superado del todo.

-¿Dice que el resto del Estado debería ser solidario con Asturias?

-Ya se es solidario. España ha progresado, tiene más dinero y ha recibido un gran chorro de dinero europeo. Esto se refleja sobre todo en determinadas regiones, una de ellas y con justicia Asturias.

-Asturias tuvo grandes aportaciones públicas, una minería y una siderurgia fuertes y fue solidaria en su momento. ¿Desaprovechó su oportunidad?

-Asturias, como otras regiones europeas de características similares, sufrió un choque muy rudo que afectó a la minería, al acero, a los astilleros, a la industria del armamento, a la leche… y tenía unas infraestructuras malas que han mejorado mucho. Un choque tan duro no se podía resolver de la noche a la mañana ni lo podían resolver los asturianos solos. Tenían que recibir ayuda y yo creo que siguen teniendo necesidad de ella. La solidaridad tiene que servir para que con el tiempo sea innecesario pero eso puede costar.

-¿Cuál ha de ser la medida de esa solidaridad?

-Ya no es cosa mía, para esto el Estado tiene sus mecanismos y el Gobierno de la Generalitat los suyos. Yo pido una cosa, que quienes expliquen esto y digan la verdad al pueblo español sean los responsables, ahora y en el pasado, de la política española. Montilla lo explica y lo hace bien y yo lo hice y creo que bien, pero quienes tienen que explicarlo son el señor Felipe González, el señor Chaves, el señor Rodríguez Zapatero y el señor Rajoy.

-¿Anticatalanismo?

-Ya he dicho bastante.

-¿Cómo presume que incidirá la crisis económica en la política española?

-España tiene aspectos positivos para enfrentarse a la crisis: reservas suficientes, es un país optimista y con capacidad e ilusiones y la ilusión y el optimismo son un gran activo económico. Ha hecho una transformación formidable durante los últimos cincuenta años y continúa la inercia. La transición se hizo bien, en todos los terrenos, también el económico. ¿Aspectos negativos? En los últimos años ha estado en los primeros lugares de la clasificación europea del PIB y en el último en incremento de la competitividad y la productividad. Eso es un riesgo, el esfuerzo para asegurar el futuro no se ha hecho tan bien.

-Usted era un niño que, ante la devastación de la guerra civil, se propuso reconstruir Cataluña.

-A nivel catalán y español -y yo soy un político español- se hizo una buena labor. En estos momentos contemplo con inquietud Cataluña y, más lejanamente, pienso que España se puede deteriorar.

-¿Siente la tentación de intervenir?

-Lo primero que debe hacer un político es no estorbar, cosa difícil cuando se habla de solidaridad como estos días. Tengo derecho a protestar por que ése no es un problema político, es un problema ético.

 

 

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Naturaleza y arte

 

Escultura y paisaje se dan cita en el cabo Peñas en una muestra internacional

Peñas, Braulio FERNÁNDEZ La Nueva España 09/05/2008


«Escultura y Paisaje en el arco Atlántico» es el nombre de la exposición internacional itinerante de escultura al aire libre que ayer fue inaugurada en el Cabo Peñas. Esta muestra de una docena de obras escultóricas que desde hoy viernes, y hasta el próximo 18 de septiembre pueden ser contempladas como parte integrante del bello paisaje gozoniego ha sido fruto de un proyecto de cooperación transnacional de la iniciativa comunitaria Leader Plus.Al acto de inauguración de esta exposición acogida por la Asociación para el desarrollo integrado del Cabo Peñas de la Mancomunidad integrada por los concejos de Carreño y Gozón, asistieron los alcaldes de las tres localidades que forman parte del proyecto, y que con anterioridad acogieron la muestra, además de los locales.

Se trata de los municipios de Erada en Portugal, Los Alcornocales en Cádiz y Ellesmere en Inglaterra. El proyecto tiene como objetivo principal la puesta en valor del paisaje mediante la intervención cultural a través del montaje de exposición de esculturas al aire libre. Al acto acudieron, además de alguno de los autores de las obras que formaran parte durante cuatro meses de la emblemática cornisa cantábrica de Peñas, los Directores Generales de Biodiversidad y Paisaje, José Félix García Gaona, y de Desarrollo Rural, José maría Rodríguez, del Principado de Asturias.

A lo largo de un tramo de esta cornisa de piedra frente al mar, se pueden contemplar una docena de obras, tres por cada uno de los municipios participantes, con trabajos de los españoles Francisco Fresno, José Legazpi, y Pablo Maojo. Las esculturas se disponen desde el edificio del Semáforo, y a lo largo de la senda peatonal de Peñas.
 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

Carreras de caballos en la playa

Las mañanas del viernes y el sábado santo, la playa riosellana de Santa Marina se convierte en un hipódromo improvisado y populoso. Miles de personas se congregan en el muro para asistir a la única prueba equina del Norte de España que se celebra en un arenal. El marco inigualable de esta playa urbana, con el mar batiente y el horizonte como telón de fondo, predispone para estas carreras inusuales que añaden una nueva dimensión a las competiciones ecuestres.Hay quien sostiene que en el puerto local, allá por el siglo XVIII, en pleno auge del comercio marítimo, proliferaban actividades de contrabando que eludían los controles portuarios a lomos de caballos negros para confundirse en la noche.

 

 

En el año 1989 aficionados locales a la hípica, recordando estas historias de contrabandistas, comenzaron a hacer apuestas sobre cuál sería el caballo más veloz en la playa riosellana. Para ello aprovechaban la franja de arena húmeda liberada durante las bajamares. Ya en sus orígenes, el insólito marco deportivo, denotaba una extraordinaria belleza y sentaba las bases para un espectáculo mayor que se fue fraguando con los años.Hoy en día, tras casi 20 años de rodaje durante los que se fue incrementando la participación con el concurso de más jinetes, amazonas y cuadras locales, clubs asturianos y de otras comunidades limítrofes, la prueba ha adquirido por fin tintes internacionales, pues ya han corrido sobre la playa de Santa Marina clubs ecuestres extranjeros, principalmente de Francia y Portugal.

Además la carrera se ha profesionalizado, pues tras años de ser una prueba exclusiva para que los aficionados mostrasen su destreza, ahora los jockeys son profesionales y los caballos auténticos pura sangre compitiendo el sábado en una prueba puntuable para el campeonato de España.

La belleza inicial de las primeras carreras se ha ido redoblando con este cambio de estatus, pues la participación de cuadras que habitualmente compiten en el hipódromo de la Zarzuela, el colorido de las ropas de los jinetes, los palcos levantados para las autoridades, la presencia de fotógrafos, televisión, radio y la multitudinaria presencia de público, convierten a la bella playa local en un escenario más espectacular si cabe.

Cada vez son más y mejores las monturas, por tanto, y de sólo celebrarse un día (viernes santo) ahora ha pasado a competirse a lo largo de dos mañanas consecutivas: viernes y sábado, incluyendo exhibiciones de doma que hacen las delicias de los asistentes.

Las carreras riosellanas tienen el objetivo de convertirse en un evento ineludible del calendario ecuestre, siguiendo la estela de otras carreras con más arraigo en el tiempo, como la de Sanlúcar de Barrameda con la que guarda muchas semejanzas. Los propios organizadores del certamen andaluz han asistido a Ribadesella con el fin de colaborar y prestar sus conocimientos.

No se descarta que la carrera en Ribadesella sea más popular y entretenida en un futuro, empleando un recurso lúdico como las apuestas, que ya hacen furor en la prueba gaditana.

 

 

La tradicional fiesta del pantano

 

 

Cincuenta vueltas al pantano

Más de 15.000 personas acudieron a Trasona al reclamo de una fiesta que este año celebró el medio siglo de existencia

CORVERA

Trasona, 
 
 
 

 

Illán GARCÍA

Más de quince mil personas, según fuentes municipales, acudieron a la jira del pantano de Trasona, que ayer cumplió cincuenta años, para disfrutar de un día redondo: calorcito, ambiente festivo y sana confraternización. La primavera explotó en toda su plenitud en el embalse corverano y prueba de ello fueron los cientos de cajas de sidra consumidos para contrarrestar el calor. Desde las 11.00 de la mañana, se desarrollaron decenas de actividades en el área del pantano. Hubo para todos los gustos: rocódromo, «paintball», rutas a caballo y, lo más esperado, la vuelta de las piraguas.

Así lo expresó ayer el presidente del Club Náutico Ensidesa, Amado García: «Recuperamos las piraguas». Las pruebas deportivas en el pantano centraron la atención de cientos de curiosos que se agolparon en el puente. El alcalde, José Luis Vega, los concejales del equipo de gobierno más los regidores de la comarca y el de Saint-Nazaire, Joel Batteux, fueron los encargados de entregar los premios a los piragüistas. Mientras se llevaba a cabo la entrega de premios a los palistas, en el otro lado del pantano se abrían las tarteras y se cortaban las empanadas para pasar una tarde con el estómago lleno.

Pese a que esta fiesta lleva cincuenta años en el candelero de las romerías de la comarca, siempre hay alguien que se estrena, como Miguel Jesús González. Para este visitante de origen cubano y afincado en el barrio de El Quirinal, en Avilés, la fiesta es «perfecta» para pasarla con la familia. González destacó que la jira no sabe e edades. «Está muy bien esta fiesta. Hay mayores, hay niños, hay de todoÉ», dijo.

Los asistentes estaban encantados con el buen tiempo que hizo durante todo el día en el pantano. «Menos mal que no llovió», se oía comentar. Pero no todo eran felicitaciones. Siempre hay inconformismos. «Ésta es una buena fiesta, pero cuesta tanto trabajo aparcar el cocheÉ», se quejaba Jorge Cos, vecino de Avilés.

Patricia Alajes se sumó a la crítica. «Tenían que poner más baños. Los que hay no son suficientes para tantas personas», dijo la avilesina. Y es que cinco baños para 15.000 personas no daban abasto, de ahí las grandes colas que hubo ante ellos durante toda la tarde.

Las ganas de juerga y diversión eran manifiestas en cada rincón del pantano. Miles de jóvenes escanciaban botellas de sidra, grupos de niños jugaban al balón y otros optaban por tomar los primeros rayos de sol en la fiesta de «prau» que abre el calendario estival de la comarca. La programación no dejaba hueco al aburrimiento. Actos deportivos, lúdicos y musicales llenaron la edición número 50 de la jira al embalse de Trasona. La banda sonora de la jira corrió a cargo de la charanga «El Felechu», la banda de gaitas de Corvera, varios Dj y la orquesta «Nueva Banda», que cerró los actos.

La jira también acogió una muestra de fotografías antiguas del pantano, una feria de artesanía y «¡En la diana!», una actividad organizada para probar suerte con el arco y las flechas. Mientras tanto un «speaker» ambulante recogía las opiniones de los asistentes al pantano. Estas intervenciones se podían escuchar en las inmediaciones del pantano gracias al sistema de megafonía instalado para la ocasión.
Una de las fiestas más multitudinarias de la comarca, la que comenzó a organizar para solaz de sus trabajadores la extinta Ensidesa en 1958, goza de buena salud. «Esta fiesta mezcla la tradición de una fiesta con cincuenta años de historia a sus espaldas con la modernidad que ofrece la programación de actividades lúdicas contemporáneas», manifestó Alberto Tirador, presidente de la Mancomunidad Turística. En el «prau», mientras tanto, la sidra corría a raudales. La jornada lo merecía. Y es que cincuenta años no se cumplen todos los días.