El Punto G

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Comprobado científicamente: el Punto G existe

jueves, 21 de febrero, 13.23

Hemos oído hablar de él miles de veces. Siempre ha sido un tema recurrente en todas las conversaciones sobre sexo (en la práctica también, por supuesto). El mítico, el ansiado, el buscado Punto G, existe. Y lo dicen los científicos.

Así lo asegura el investigador italiano de sexología médica de la Universidad de L’Aquila, Emmanuele Jannini. El denominado interruptor de placer ha sido fotografiado. Como lo oyen (o leen). Está escondido en un pequeño espacio entre la uretra y la vagina, y tiene un espesor superior a lo normal.

Sólo hay un pequeño problema. Que no todas las mujeres lo tienen. “”Sobre ellas es imposible intervenir. Estas mujeres sólo podrán disfrutar de orgasmos clitorianos”, ha explicado Emmanuele Jannini. No desesperen, mientras se puedan disfrutar, no importa de qué tipo sean los orgasmos.

Parece mentira que durante tanto tiempo hombres y mujeres lo hayan estado buscando desesperadamente. Y ahora resulta que no todas las féminas lo tienen. Muchos ya podrán dormir tranquilos esta noche.

La radiografía del Punto G fue realizada con un método ginecológico muy común, la ecografía vaginal transversal. Para ello se reunió a un grupo de mujeres jóvenes a las que preguntó si tenían orgasmos vaginales. En aquellas que declaraban tener esta clase de orgasmos se demostró que presentaban este espesamiento inusual entre la uretra y la vagina.

“Hemos demostrado con seguridad la existencia del Punto G en alguna mujeres. Y también la posibilidad de descubrirlo de una manera simple, con una ecografía habitual”, ha declarado Janini. “Con este descubrimiento termina la época de la sexología basada en las opiniones”. ¿Y qué será ahora de Lorena Berdún?

Mujeres, tranquilas. Si sois de aquellas que tenéis esta limitación, se puede subsanar, sólo en algunos casos, con tratamientos hormonales. Aunque a veces es mejor vivir en la ignorancia y seguir echándole la culpa al de al lado

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Stephen Hawking en Avilés

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Stephen Hawking para niños, en Avilés La villa acogerá en marzo la presentación internacional del próximo libro de divulgación del científico, que explicará el cosmos a los más pequeños 

La Fundación del Centro Niemeyer, que dirige Natalio Grueso, anunció ayer que Avilés acogerá en el mes de marzo la presentación internacional del próximo libro del científico británico Stephen Hawking. El volumen, que llevará el título de «La clave secreta del universo» tratará de acercar a los más pequeños la visión actual que la física ofrece del cosmos. El premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia en 1989 ha escrito este libro en colaboración con su hija, Lucy Hawking. El objetivo de la obra es «despertar la imaginación de los niños hacia el universo, para que las próximas generaciones sean capaces de trabajar para salvaguardar el futuro de la humanidad», ha señalado el autor.
Hawking forma parte del consejo asesor del futuro Centro Niemeyer, que se construirá en la margen derecha de la ría avilesina. Su exposición sobre el origen del universo inaugurará, previsiblemente en 2010, el centro. Según fuentes de la Fundación Niemeyer, Hawking viajará a Avilés si su salud se lo permite. En otro caso, lo hará su hija. El genial científico, uno de los principales investigadores en el origen del universo y sus propiedades, ya viajó a Asturias con motivo del 25.º aniversario de la Fundación Príncipe de Asturias. Fue el encargado de abrir los actos conmemorativos con una conferencia en Oviedo.
Hawking es ejemplo de lucha contra la enfermedad. Siendo muy joven se le diagnosticó una esclerosis lateral amiotrófica que ha mermado seriamente su movilidad, impidiendo incluso el habla, pero que ha dejado intacto su cerebro. es profesor lucasiano, es decir, titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, cargo fundado en 1663 y que ocupó por vez primera Isaac Barrow, a quien sucedió Isaac Newton. También han sido profesores lucasianos científicos de la talla de George Stokes o Paul Dirac, uno de los padres de la formulación matemática de la mecánica cuántica. El físico y cosmólogo británico impulsó de forma muy significativa la divulgación científica con la publicación de su libro «Breve historia del tiempo», que traspasó la casi siempre discreta barrera de ventas de la literatura científica hasta convertirse en un best-seller.

Uno de los principales hitos en la actividad investigadora de Hawking fue la aplicación conjunta de la relatividad general y la mecánica cuántica -dos teorías dirigidas a escalas muy distintas y cuya fusión es el reto permanente d los físicos- para demostrar que cierto tipo de radiación era capaz de escapar de los agujeros negros, cuerpos de densidades altísimas capaces de curvar el espacio para impedir la emisión de luz. Su descubrimiento constituyó un primer paso para explorar las posibilidades de establecer una gran teoría unificada que explique el universo. Hawking también pronosticó que tras la gran explosión que dio origen a todo se crearon gran cantidad de objetos supermasivos del tamaño de protones.

 

Termitas y energía

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De momento iré publicando noticias que a mi me hayan llamado la atención y empiezo con ésta 😉

Las termitas serán fábricas de energía
La identificación del ADN de los microorganismos que desde el estómago de los insectos sociales degradan la madera anuncia una nueva fuente de biocombustible

Las termitas llevan camino de convertirse en un puntal frente a la escasez de energía, y encima proporcionándola de carácter renovable. En efecto, un grupo de investigadores de EE UU ha logrado secuenciar el ADN de los microbios que portan las termitas y que son los que hacen posible que conviertan la madera en alimento. Extrapolando la novedad, en el futuro podría ser un mecanismo eficaz para conseguir un sistema que proporcione biocombustible.

Un portavoz de los biotecnólogos que han llevado a cabo el trabajo, que pertenecen a empresas e instituciones de EE UU y Costa Rica, ha indicado que «son una máquina sorprendente, auténticos biorreactores móviles en miniatura».

Las termitas son insectos bien conocidos. Desde hace tiempo se sabe que el estómago de las termitas no es capaz por sí solo de digerir la celulosa de la madera de la que se alimentan. Ciertamente, logran degradar la madera a fin de convertirla en alimento gracias a unos microorganismos que viven en simbiosis dentro del aparato digestivo de los insectos.

Hasta ahí, lo conocido. De todos modos, se ignoraba cómo se produce ese proceso. No se tenía plena conciencia científica de que el intestino de las termitas es un espacio muy propicio para microorganismos que enriquecen sus enzimas hasta convertir, en relativamente poco tiempo, una gran cantidad de biomasa en combustible útil. El proceso se realiza rompiendo las paredes celulares de las plantas.

Después del avance conseguido, el paso siguiente será averiguar los caminos metabólicos por los que se digieren esos materiales formados sustancialmente por madera. Posteriormente, como aseguran los investigadores en las páginas de la revista «Nature», será posible sintetizar estas nuevas enzimas de forma que se acelere el proceso de producción de biocombustible.

Los zoólogos saben que, como ocurre con las vacas, las termitas tienen cuatro cavidades estomacales, cada una con comunidades microbianas muy complejas y diferentes. Por eso, aunque la mandíbula del insecto es la que convierte la madera en serrín, el verdadero trabajo de degradación se produce en sus intestinos. El ensayo se realizó a partir de la especie Nasutitermes, de ejemplares recogidos durante un safari en la selva de Guápiles, en Costa Rica.

La delicada labor de campo la realizaron el investigador principal, Falk Warneckle, del Instituto Genómico DOE Joint (DOE JGI), y su colega Jared Leadbetter, del Instituto de Tecnología, ambos en California. En sus labores de investigación encontraron un árbol en el que vivía una gigantesca colonia de termitas. Los dos científicos recogieron los ejemplares que tenían los vientres más inflados y, una vez en el laboratorio, les extrajeron el contenido de su tercer compartimento estomacal. En total, se utilizaron 165 ejemplares, de los que se consiguió una valiosa selección de microbios, que es lo que se secuenció en el laboratorio.

De la muestra analizada se obtuvieron nada menos que 71 millones de letras de código genético, que se reemsamblaron de nuevo para definir la identidad de cada microbio y el perfil metabólico de las enzimas que produce.

Eddy Rubin, director del Instituto DOE JGI, ha comentado, sin embargo, que «se sabe que lograr adaptar estos resultados científicos a un sistema industrial para que pueda ser útil es un objetivo que aún está muy lejos», y ha añadido, asimismo, que «conseguir que haya fábricas de biomasa capaces de producir biodiésel de forma rentable y más eficiente que las termitas es otra historia. Antes debemos definir qué genes están implicados en el proceso, y éste es un paso esencial para lograrlo». El experto español José Luis García Fierro, del CSIC, ha calificado el resultado de este trabajo de «asombroso».

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